A poco que empezáramos a rebuscar en los altillos o trasteros de
cualquier familia, no tardarían en aparecer cajas o sobres llenos de
negativos pintando en colores extraños los recuerdos de tiempos pasados.
Los más jóvenes no sabrán ni qué son ni para qué sirven, mientras que
los más mayores y sobre todo los que tirasen aquellas fotos querrán
encontrar la forma de pasarlos a formato digital para preservar las
imágenes que contienen.
A parte de llevarlos a un servicio
especializado, existen varios métodos para digitalizar negativos, que
varían tanto en precio como en calidad del resultado final. No a todos
convencerá el mismo sistema, depende de si queremos el mejor resultado
posible sin importar lo que cueste o si nos vale con un resultado casero
y entretenernos un rato. Aquí va un repaso de distintas opciones para
recuperar esas viejas imágenes.
Digitalización casera para todos los bolsillos
Para
digitalizar negativos con un proceso de bajo coste se necesitan algunos
materiales sencillos de conseguir, una cámara de fotos digital y cierta
maña con programas de edición, como por ejemplo Photoshop. En los
últimos días se ha hecho muy popular el método reflejado en este vídeo,
aunque existen por toda la web instrucciones para procesos similares.
negativo, evitando
que se abombe o se curve, y fotografiarlo con la mejor calidad posible.
Una de las formas de hacerlo es utilizando una caja de zapatos. En la
tapa se corta un rectángulo del tamaño de los negativos y en el interior
se sitúa una bombilla (es importante que sea de luz blanca para
facilitar la edición posterior), de forma que su luz pase a través del
negativo hacia el sensor de la cámara.Es importante que el
negativo quede plano, para lo que se puede fabricar un soporte con un
simple folio, como se ve en el vídeo, o comprar la pieza en una tienda
de fotografía especializada. Sobre el negativo iluminado desde el
interior se coloca un cilindro que evita que entre o salga luz, y
tapándolo se sitúa la cámara de fotos. Lo mejor es utilizar una
compacta, ya que una réflex puede pesar demasiado para nuestro invento,
además de ser más aparatosa de usar.
Una vez capturados todos con la cámara, basta con descargar las fotos
en el ordenador y comenzar a trabajar en la edición. Para empezar,
habrá que invertir los colores si el carrete es en blanco y negro. Si se
trata de película de color usaremos el ajuste de curvas de Photoshop
con el modo prediseñado de negativo en color. Después solo queda jugar
con los ajustes de luz, color y contraste para optimizar el resultado.
Existen
algunas variantes de este cachivache casero, como construir un visor
con un tubo para el transporte de planos y acoplarlo al objetivo de la
cámara. Utilizando además un trípode podremos dejar la cámara totalmente fija y utilizar aperturas más largas.
Sobra
decir que los resultados nunca serán tan buenos como los que se
obtendrían utilizando un equipo profesional, pero es una buena opción si
no queremos gastar dinero o nos apetece ejercitar la vena manitas.
Utilizando un escáner convencional
Existen
escáneres específicos para digitalizar negativos, aunque existen formas
de hacerlo con uno convencional. La dificultad está en la dirección en
la que va la luz. Mientras que los negativos deben ser atravesados por
la luz (es decir, iluminados desde atrás y hacia el sensor), los
escáneres hacen lo contrario: captar la luz que refleja un documento en
un momento concreto.
Así que para llevar a cabo el proceso hay que
utilizar algún sistema que capture la luz y la refleje desde detrás del
negativo. Una vez conseguido, se puede escanear como si fuese un
documento cualquiera.
Navegando por la red se pueden encontrar distintas opciones para llevar esto a cabo: desde una estructura de cartulina plateada, recortada y montada a mano, hasta soportes especialmente fabricados para ello, como la máscara de escaneo que comercializa Lomography por 29 euros.
Escáneres para diapositivas
Si
la tarea que tenemos por delante es sustanciosa o si buscamos unos
resultados que alcancen un determinado nivel de calidad puede que
compense adquirir un escáner específico para negativos.
Puesto que los negativos ya apenas se usan, no hay una gran oferta dedicada al usuario aficionado, pero se pueden encontrar modelos por unos 50-70 euros, aunque la calidad no es excesiva. A partir de un precio más alto (200-300 euros)
se consiguen resultados mejores, aunque lo habitual es que los equipos
para aficionados sean limitados en cualquier caso, resultando en
imágenes con una resolución baja que no suelen quedar bien en
impresiones o ampliaciones.
Digitaliza con el móvil
Quizá
no pase de anecdótica, pero existe también la posibilidad de llevar a
cabo el proceso desde el móvil. Lomography comercializa un dispositivo
con este fin, por 59 euros.
Compatible con todos los modelos de iPhone y con la mayoría de los
teléfonos equipados con Android, este sistema aporta la ventaja de que
permite compartir las fotos directamente con nuestros contactos con solo
un par de toques en la pantalla.
La pequeña caja negra lleva
integrada una luz que ilumina los negativos, y va acompañada de una
aplicación gratuita que facilita el procesado posterior e incluso
convertir las imágenes en vídeos.


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